Cierto día paseaban juntos un fabricante de jabón y un predicador; y en el curso de la conversación, el fabricante; quien era indrédulo, le dice al predicador:
-El evangelio que Ud. predica, señor no me parece haber tenido mucha eficacia, pues veo que en el mundo abunda la maldad hay todavía muchas personas malas.
Mas adelante encontraron a un niño, que estaba jugando en el barro de la calle, y se hallaba completamente sucio.
al verlo en este estado, el predicador se valió de la oportunidad y volviéndose al fabricante de jabón le dijo, señalando al niño:
-Señor, el jabón que Ud. fabrica no parece haber tenido mucha eficacia, porque veo que en el mundo abunda la suciedad y hay muchas personas sucias.
- ¡Ah! - respondió el fabricante de jabón - es que mi jabón quita la suciedad cuando se aplica sobre lo sucio.
- Exactamente lo mismo - replicó el predicador - es lo que sucede con el Evangelio. sólo quita la maldad y limpia de ella, cuando el pecador se lo aplica a su corazón manchado de pecado.
No nos cansemos de predicar la Palabra del Señor, aún existen muchos que están cubiertos de barro, por los pecados y la maldad que corrompe a este mundo, pero que necesitan oír de la Palabra de Dios para que puedan ser lavados de toda maldad.
La fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios. Romanos 10:17
La fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios. Romanos 10:17
Cristo pagó grande precio en la cruz, por su sangre derramada en el calvario de su muerte somos todos lavados y sanados, para ser nuevas personas, limpios y renovados para la gloria de Dios Padre Todopoderoso.

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