miércoles, 15 de junio de 2011

Jesucristo, Cordero Santo


"He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29)

Una imagen al que se le puede atribuir al Señor Jesucristo, es de un Cordero. Este Cordero representa la personalidad mansa de Cristo que a pesar de ver tanta injusticia en el pueblo de Israel, busco tiernamente y con la verdad a aquellos que estaban apartados de la Gloria de Dios.
Junto con la mansedumbre de su corazón, Cristo nos ha otorgado la mansedumbre hacia nuestras vidas, puesto que como hombres sencillos caemos, erramos y pecamos; pero más Cristo quién reposa bajo el Espíritu de Jehová (Isaías 11), tiene la potestad de perdonarnos y de limpiarnos bajo su poderoso nombre: "Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" Hechos 4:12.-

 Como Cordero, murió por nosotros, sin reclamar la injusticia que estaban cometiendo con Él, puesto siendo inocente prefirió por entregar su vida por amor amor a la nuestra. "[...] yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia" (Juan 10:10), Dado que el pueblo de Israel estaba bajo delitos y pecados, viviendo bajo la ley de Moisés, nadie era capaz de cumplirla, sino que unos a otros juzgaban en el nombre de Jehová los delitos cometidos; así todos eran (eramos) malditos bajo la ley. "Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho para nosotros maldición" (Gálatas 3:13), "De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno" (Romanos 7:12).

Viendo ésto el Señor Jesucristo, como muchos del pueblo de Dios se perdían y no comprendían lo que realmente Dios quería para nuestras vidas. Buscando no tan sólo del arrepentimiento del Pueblo de Dios, sino también para nosotros, quienes estábamos apartados de la Gloria de Dios, quienes no le conocíamos. Proclamando la Salvación para todos. "A los suyo vino, y los suyos no le recibieron" (Juan 1:11). "Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido" (Lucas 19:10) ; "Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él" (Juan 3:17) ; "Ya no hay judío y griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gálatas, 3:28).


 

Pues, siendo Jesús limpio de todo pecado, sin culpa y sin delitos, por amor a nuestras vidas, decidió entregar la suya, tal como muchos años antes de este acontecimiento, el profeta Isaías había descrito:
"Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.
Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él,  por su llaga fuimos nosotros curados.
Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; más Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.
Angustiado él, y afligid, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca". (Isaías 53: 4-7).


Infinito a sido el amor de Dios con nuestras vidas, y la compasión de Cristo por pagar el rescate de Salvación. Estando en medio de las tinieblas, salió Jesús a nuestro encuentro, nosotros los que estábamos perdidos en este mundo de maldad, vimos la luz de Cristo, encontramos la verdad y el propósito de vida (Juan 14:6). 
"Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre de Cristo, como de un cordero sin manchas y sin contaminación" (1 Pedro 1:18-19).

Confesando a Cristo como nuestro Salvador, quien nos lava y redime de nuestros pecados, nuevo pacto ha hecho Dios con nuestras vidas, aun cuando nadie daba un peso por nuestra vida: "y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra" (Apocalipsis 5:9-10).

Sabiendo esto, confesad a Cristo como tú único y personal Salvador, quien bajo la Gracia del Espíritu Santo puedas ser guiado a toda verdad y a toda justicia. Cristo nos amo, así como nos amó el Padre, escogiéndonos desde el vientre de nuestra madre (Isaías 49:1). Jesucristo ha venido a este mundo, y fue entregado en manos de quienes le acusaban, para un día darnos la salvación, librarnos del pecado y de las garras del lobo y del enemigo de nuestras almas. "[...] Ahora ha venido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestros Dios día y noche. Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos,  menospreciaron sus vidas hasta la muerte" (Apocalipsis 12:10-11).

Preparémonos para recibir al Cristo que una vez le vimos subir al Cielo (Lucas 24:51; Marcos 16:19; Hechos 1:9), Así mismo le veremos descender (Hechos 1:11), como pueblo elegido por Dios, rescatados por el amor de Cristo debemos buscarle y anhelarlo con el espíritu y el alma, así poder de estar en  las bodas del Cordero (Apocalipsis 19:7), en aquella Patria Celestial que nos tiene preparada  (Apocalipsis 21). Pues no todos podrán entrar allí, sino "solamente los que están inscritos en la vida del Cordero" (Apocalipsis 21:27). 


"Al que está sentado en el trono y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. (Apocalipsis 5:13)

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